Sanguijuelas humanas.

Por un momento, leyendo el título de esta entrada, me imaginé con un gran vestido de lentejuelas brillantes tal como la cantante Paquita la del Barrio y sus ratas de dos patas, las malditas sanguijuelas, cucharachas y demás. Sin embargo el encabezado no figura como insulto, sino como analogía de aquellos seres que día a día te chupan toda esa energía y autoestima.

¿Cuántas veces has estado cerca de alguien que sólo nota y hace hincapié en tus errores, y rara vez enfatiza tus logros? Algunos buscan el reconocimiento y reforzamiento diario de que son los mejores y de que su éxito es todo suyo, sin embargo tampoco es el caso. Me voy por el centro, por el “ni muy muy, ni tan tan” y al respecto me refiero a que si alguien no te ayuda que tampoco te acabe. 

En mi paso he conocido a muchas madres sobreprotectoras que cuidan de sus polluelos tal como una frágil estatua de cristal en constante peligro de ser destruida. Desde afuera todo se ve diferente, no es lo mismo ver los toros desde la barrera y es muy cierto. Pero también desde afuera se percibe una realidad más clara y objetiva de cuando una relación o comportamiento no es del todo sano y supera ciertos límites racionales. 

En continuas ocasiones he visto cómo esa sobreprotección, aunque suene redundante por el mismo significado en la palabra, es exagerada cayendo en la hiperprotección, y sin llegar a una relación castrante, sí llegan a limitar la visión, confianza y estima de la persona sujeta a recibir toda facilidad dentro de un ambiente controlado por la figura a cargo de su cuidado y educación, comúnmente desembocando en una relación codependiente (sin mí mueres, fracasas… sin ti a quién protejo, qué hago).

No es sencillo sacar a los elementos involucrados de este círculo. Se requiere de mucho trabajo, constancia, y como todo adicto, en determinado momento se tendrán recaídas. ¿Cómo acrecentar estima y confianza en una persona de 30 sin ofrecerle protección en garantía? ¿Cómo lograr que la madre sobreprotectora deje de hacer lo que considera que mejor hace? Sobre todo cuando el ser humano siempre busca ser protegido y paradójicamente (porque muchos buscamos el sufrimiento) anhelamos sufrir lo mínimo en la vida, comprando de tantas formas erróneas el ideal de la felicidad; y a su vez, hay que considerar que si la mayoría de las madres tienen desarrollado ese instinto maternal, que como todo instinto suele tocar áreas fuera de la razón, resulta complicado que dicha persona acepte que su protección más que ayudar, perjudica al ser que dice amar. 

Amar no es asfixiar, castrar, aprisionar, robar estima, chupar la vida.

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